Cardenal Tobin: Ven, Espíritu Santo. ¡Llena nuestros corazones con el fuego de tu amor!

Luego Jesús les dijo otra vez: ¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. Y sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedaran perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedaran sin perdonar. (Jn 20:21–23).

Queridas hermanas y queridos hermanos en Cristo resucitado,

La paz sea con ustedes.

En dos días celebraremos la Solemnidad de Pentecostés. El Señor resucitado envía al Espíritu Santo para llenar los corazones de sus discípulos con el fuego del amor de Dios. Como la zarza ardiente descrita en el Libro del Éxodo del Antiguo Testamento, el fuego divino arde intensamente, pero no consume a aquellos cuyos corazones están encendidos.

Como leemos en los Hechos de los Apóstoles,

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. De repente, un gran ruido que venía del Cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran. (Hechos 2, 1–11)

El viento y el fuego son señales que apuntan a la presencia del Espíritu Santo, pero como nos recuerda frecuentemente el Papa León, no hay nada destructivo en el poder de Dios. Los dones del Espíritu Santo nos edifican. Nos capacitan para servir como testigos audaces y valientes de la no violencia de la gracia de Dios. El Espíritu Santo también se representa en las Sagradas Escrituras como una paloma—el símbolo universal de la paz. El Espíritu se compara con una criatura tierna y amorosa, lo opuesto a un ave de presa, que trae unidad y paz a todos los que lo reciben en sus corazones.

En su homilía del Domingo de Pentecostés de 2025 (ver selección a continuación), el Papa León XIV describe al Espíritu Santo como una fuerza que “abre fronteras” de maneras diversas y poderosas. “El Espíritu derriba barreras y derrumba los muros de la indiferencia y del odio”, dice el papa, “porque nos enseña todas las cosas y nos recuerda las palabras de Jesús: ‘La paz les dejo la paz, mi paz les doy, pero no se la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni tengan miedo’.” (cf. Jn 14,26).

Este año estamos celebrando el Domingo de Pentecostés, conscientes de que los dones del Espíritu Santo son necesarios ahora más que nunca. Demasiado a menudo, nuestros corazones están llenos de ira, violencia y doblez. Como nos recuerda el Santo Padre, la paz a menudo está muy lejos de nosotros, y demasiadas regiones de nuestro mundo sufren terriblemente los efectos brutales de la guerra.

Continúe leyendo el último boletín del Cardenal Tobin.

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