Cardenal Tobin: Guerra y Paz
En la medida en que somos pecadores, la amenaza de la guerra se cierne sobre nosotros y seguirá haciéndolo hasta que Cristo regrese; pero en la medida en que podamos vencer el pecado uniéndonos en la caridad, la violencia misma será vencida (cf. GS 78 § 6)
Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo,
La guerra es consecuencia del pecado. Es la destrucción de la armonía y del orden moral que Dios quiso que existieran entre las personas, las naciones y los pueblos. La guerra es siempre un mal, incluso cuando se libra por la necesidad de defender a la humanidad. La Iglesia se opone a toda guerra y aboga por la paz—siempre y en todas partes.
Sí, hay momentos en que la guerra es inevitable—precisamente para proteger vidas humanas o para restablecer la paz. Pero la guerra nunca es bienvenida. Siempre es condenable por el daño que inflige a la vida humana (especialmente a los inocentes) y a la propiedad (especialmente a hogares, negocios, hospitales, escuelas y lugares de culto). “La guerra es un infierno” no es solo un eslogan. Es una descripción acertada de los horrores y el caos que resultan de los actos de guerra, especialmente en esta era nuclear.
La “Doctrina de la Guerra Justa” de la Iglesia es una herramienta útil para determinar si una guerra está justificada o no, bajo condiciones muy estrictas y limitadas. Sin embargo, como ha señalado el Papa León XIV (véase el extracto a continuación), tal vez sea necesario examinar esta enseñanza, y posiblemente actualizarla, para garantizar que tome en cuenta las circunstancias cambiantes de la vida moderna y la guerra contemporánea. Por ejemplo, el uso de drones no tripulados impulsados por inteligencia artificial (IA) plantea serias preguntas sobre la responsabilidad moral que deben abordarse como nunca antes.
Cuando la Iglesia afirma que siempre defiende la paz frente a la guerra, estamos describiendo un estado de las cosas humanas que va mucho más allá de la mera ausencia de conflicto armado. La paz no es solo estabilidad social. Nuestra comprensión de la paz está orientada hacia la comunión con Dios y el verdadero bien de la persona humana. La doctrina de la Iglesia sobre la construcción de la paz afirma que el shalom de Jesús significa “comunión perfecta con Dios”, y que la construcción de la paz brota de la humildad, la mansedumbre, el perdón y la misericordia.
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