La asamblea llama a los diáconos a ser “iconos de Cristo Siervo”
Cerca de 220 diáconos permanentes, candidatos al diaconado y hombres que disciernen una vocación al diaconado —junto con las esposas de los diáconos y de los candidatos— se reunieron el 24 de octubre en la Universidad Seton Hall para una asamblea organizada por la Arquidiócesis de Newark.
Bajo el lema “Diáconos: iconos de Cristo siervo”, la jornada tuvo como objetivo renovar y alentar a los diáconos y a sus esposas en su servicio a la Iglesia. Fue, además, una oportunidad para reencontrarse con viejos amigos, compartir e intercambiar experiencias, y experimentar la alegría de la comunidad.
La jornada comenzó con una Misa celebrada por el Cardenal Joseph W. Tobin, C.Ss.R., Arzobispo de Newark. Monseñor Gerard McCarren, rector y decano de la Escuela de Teología del Seminario de la Inmaculada Concepción, concelebró junto con otros sacerdotes de la arquidiócesis. Monseñor McCarren también pronunció la homilía.
Dijo el rector — La invitación consiste en entender su ministerio diaconal más en términos de su identidad que de la función ministerial, y en reconocer que su resonancia simbólica va más allá de lo que imaginamos. Incluso tareas sencillas, como organizar eventos parroquiales o preparar mesas, son oportunidades para revelar a Cristo como Siervo, una imagen que sigue relevante hoy en día.

Trayendo la presencia de Cristo a la vida cuotidiana
Los diáconos permanentes sirven a la Iglesia a través de los ministerios de la liturgia, la palabra y la caridad. Sus responsabilidades pueden incluir asistir en la misa, predicar, celebrar bautismos, oficiar matrimonios, presidir servicios funerarios fuera de la misa, enseñar la fe, visitar a personas que no pueden salir de sus hogares, evangelizar y coordinar labores de caridad. Muchos también colaboran en la administración parroquial y en otras necesidades pastorales.
Fuera del ámbito parroquial, los diáconos ejercen su ministerio en prisiones, centros de detención, ancianatos, escuelas y hospitales. Algunos diáconos son esposos y padres, y muchos llevan una vida profesional activa; en sus comunidades y lugares de trabajo, desempeñan un papel singular al servir de puente entre el público laico y el clero.
Dijo Monseñor McCarren — Los diáconos, quizás más que los sacerdotes y más que los obispos, están inmersos en la vida cotidiana, viviendo esta identidad y manifestando el símbolo de Cristo en un entorno donde, de otro modo, podría pasar totalmente inadvertido. Puede que te vean simplemente como “ese tipo al que le interesa mucho la Iglesia”, pero aquí existe una oportunidad que fácilmente podríamos pasar por alto.
Señaló que cuando un diácono está presente en la celebración de la Eucaristía, es él quien despide la asamblea:
“Como quizá sepan, uno de los términos más comunes para referirnos a nuestra celebración, la ‘Misa’, proviene del inglés antiguo, derivado a su vez del latín ‘missa’, que significa ‘despedida’. Resulta curioso que esta celebración maravillosa sea conocida precisamente por su parte más breve —la despedida—; sin embargo, es algo muy apropiado, pues es lo que, en sentido literal, hace que nuestra fe cobre vida. Es lo que lleva a Cristo a las personas, y ustedes, como diáconos, tienen un papel fundamental en ello”.

Los desafíos y las muchas varias del ministerio
Durante la Misa, los diáconos renovaron las promesas que habían hecho el día de su ordenación, reafirmando su compromiso con Cristo y su ministerio de servicio.
Las esposas de los diáconos casados también reafirmaron su apoyo a sus esposos y al ministerio de estos. A continuación, la asamblea oró para que los diáconos y sus familias se acercaran cada vez más a Cristo a medida que continúan su camino de servicio en la Iglesia católica.
Después de la Misa, los participantes de la asamblea se reunieron para desayunar y asistir a una serie de presentaciones que profundizaron en el tema del servicio al estilo de Cristo.
Varios miembros de la promoción de diáconos del año 2002 se sentaron juntos en una mesa con sus esposas, conversando alegremente. Los hombres se describieron a sí mismos como “muy unidos, como una familia”. Comentaron que su promoción contaba con unos 30 integrantes, de los cuales aproximadamente la mitad permanece en el ministerio; los demás han fallecido o se han jubilado. Uno de ellos, que también fue director de una escuela primaria, ahora oficia las bodas de sus antiguos alumnos y bautiza a sus hijos. “Es algo realmente extraordinario”, dijo con una sonrisa.
Ser esposa de un diácono puede suponer un desafío, tal como comentaron varias de las mujeres, pero también puede traer muchas satisfacciones. Ellas describieron la alegría que sienten al ver a sus esposos oficiar las bodas de sus hijos o bautizar a sus nietos. “A veces, la gente te detiene después de misa solo para decirte ‘gracias’, y eso también resulta muy gratificante”, señaló una de ellas.

Responder al llamado a servir
La conversación se interrumpió cuando otro compañero pasó junto a la mesa, y los diáconos se levantaron para intercambiar afectuosos apretones de manos y abrazos.
En otra mesa se encontraban tres candidatos al diaconado. Como tales, están inmersos en un proceso de discernimiento y preparación que dura varios años. Además de sus empleos habituales, estos hombres cursan dos asignaturas de teología por semestre en Seton Hall. Compaginar el trabajo, la familia, los estudios y el servicio en la parroquia puede ser, a veces, “una aventura intensa”, comentó Ryan, uno de los candidatos; sin embargo, él considera fundamental responder al llamado a servir en su parroquia. “Si no estoy yo, ¿entonces quién?”.
Al igual que los hombres ordenados para el ministerio hace un cuarto de siglo, estos candidatos comentaron que estaban forjando fuertes lazos de amistad con sus compañeros. “Realmente intentamos apoyarnos unos a otros”, señaló uno de ellos.
El Cardenal Tobin reflexiona sobre la fe y la misión
“No basta con decir: ‘Sí, creo que el pan no es pan y que la copa no es una copa de vino’”, dijo Cardenal Tobin a la asamblea, haciendo referencia a las palabras de san Agustín sobre la experiencia de recibir la Sagrada Comunión. “En realidad, formo parte del cuerpo de Cristo. Estoy recibiendo a aquel que me hace ser quien soy”.

Durante su discurso de 40 minutos, el cardenal reconoció que parece haber “una pérdida masiva de la fe, o al menos de la práctica de la fe” en el mundo actual. No obstante, señaló que también existen indicios de “un florecimiento nuevo y frágil”, tal como se refleja en el creciente interés de personas que buscan aprender más sobre la fe católica y entrar en plena comunión con la Iglesia.
Señaló la iniciativa arquidiocesana “Somos sus testigos” (“We are His Witnesses” en inglés) como una respuesta al “Espíritu Santo que sopla en la Iglesia”, la cual está “revitalizando nuestras parroquias y despertando el impulso misionero”. El Cardenal Tobin indicó que el Sínodo de la Sinodalidad que concluyó en 2024 también sirvió de inspiración para esta iniciativa.
Dijo — El Sínodo nos recordó que, antes de que cualquiera de nosotros sea ordenado sacerdote, obispo o diácono, estamos bautizados. Es nuestro bautismo común el que nos hace partícipes de la misión de la Iglesia, llamándonos a vivir nuestra fe no como un deporte para espectadores, en el que nos sentamos en las gradas a observar a los jugadores que están abajo.
Explicó — Cada miembro del cuerpo de Cristo, en virtud de su bautismo, tiene el derecho y el deber de expresar sus perspectivas, participar en el discernimiento y asumir la responsabilidad del crecimiento y el florecimiento de la Iglesia. Esto nos exige ser una Iglesia de puertas abiertas.
Eso no significaba “cambiar la doctrina o relativizar el dogma”, sino “cambiar nuestra forma de proclamar el Evangelio”, explicó.
De pie a la puerta para dar la bienvenida a los demás
En este llamado a la conversión, tal como lo plantea el papa Francisco y lo reiteró el papa León, el diácono desempeña un papel importante, señaló el Cardenal. “Creo que el diácono es el ministro que se sitúa justo a la puerta, allí donde las personas pueden acercarse por primera vez a la Iglesia, ya sea por curiosidad, por necesidad o por lo que sea”.
El cardenal Tobin también insistió en que los diáconos no son “comodidades administrativas”, una fuente de mano de obra fácil, ni “medio sacerdotes o asistentes clericales”.
“No, su orden es un signo sacramental distintivo de Christus Servus, o Cristo Siervo”, afirmó. En este sentido, los diáconos están llamados a tender puentes y, sobre todo, a escuchar, recordando las palabras del Papa León XIV al día siguiente de su elección: “Dijo que el primer acto de una Iglesia sinodal es escuchar”.
“Su labor consiste en empoderar, alentar y acompañar a los líderes laicos, para que puedan ocupar el lugar que les corresponde en las responsabilidades fundamentales de las parroquias y de la arquidiócesis”, subrayó el cardenal. Por tanto, los diáconos deben ayudar a las comunidades parroquiales “a no huir de la realidad, a no cerrar las puertas (al cambio), sino a acogerlo y preguntarse: ‘¿Cómo nos está hablando el Espíritu a través de esto?’”.

Un puente entre la iglesia y la sociedad
El Cardenal Tobin también se dirigió a las esposas de los diáconos, comparándolas con el perfume con el que Cristo fue ungido en Betania, el cual “llenó la estancia” con su fragancia. Las esposas de los diáconos hacen lo mismo por la Iglesia a través de sus matrimonios y familias, señaló. El Cardenal agradeció a estas mujeres y afirmó que sus dones “enriquecen a la Arquidiócesis de Newark”.
Tras el discurso del Cardenal Tobin, tuvo lugar una serie de charlas y conversatorios. La Dra. Dianne Traflet, directora de departamento y profesora adjunta de Teología Pastoral en el Seminario de la Inmaculada Concepción, habló sobre los miembros del clero que fueron encarcelados por los nazis en el campo de concentración de Dachau. Su cátedra, titulada “Edificar el Cuerpo de Cristo a través de Dachau”, explicó cómo aquella experiencia condujo con el tiempo a la restauración del diaconado como orden permanente en la Iglesia católica, edificando así un puente entre la Iglesia y la sociedad.
Más adelante, un pánel de discusión abordó temas de interés para los diáconos de la actualidad. Los asistentes tuvieron la oportunidad de plantear preguntas sobre el diaconado en la Iglesia católica, particularmente en la Arquidiócesis de Newark.
“Consideré la jornada excelente oportunidad para reunir a diáconos, candidatos, aspirantes y sus esposas, con el fin de conectar y fortalecer los vínculos como comunidad bajo la guía de nuestro líder espiritual, el Cardenal Tobin”, señaló el Diácono John D. McKenna, vicecanciller y director de personal diaconal.
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Imagen destacada: Más de 270 diáconos permanentes, candidatos al diaconado y hombres que disciernen una vocación al diaconado se reunieron el 24 de octubre en la Universidad Seton Hall para una jornada de encuentro organizada por la Arquidiócesis de Newark. (Fotos de John Touhey / Arquidiócesis de Newark)
