Cardenal Tobin: Paz a través del arrepentimiento y el perdón de los pecados

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

¡La paz sea con ustedes!

Cuando el Jesús resucitado se apareció a sus discípulos, les otorgó el don de su paz. También les recordó que son testigos del misterio de la redención. Como testigos, serán llamados a dar testimonio de la verdad sobre el perdón de los pecados, que será “predicado en su nombre a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc 24,47).

Estuve en Jerusalén por primera vez hace varios años, y las impresiones que obtuve allí son indelebles. Nunca olvidaré las vistas, los sonidos y los olores de esta ciudad antigua, tan rica en historia y cultura religiosa.

Me asombra que Jerusalén haya sido el lugar donde comenzó la misión evangelizadora de nuestra Iglesia. Es un lugar improbable en muchos sentidos. Jerusalén, que significa “ciudad de la paz”, ha sido, y sigue siendo, cualquier cosa menos una ciudad pacífica. Esta ciudad ha conocido una cuota desproporcionada de guerra, intolerancia religiosa y racial, hambre (tanto física como espiritual) e inhumanidad.

Pero Jerusalén también es una ciudad santa venerada por judíos, cristianos y musulmanes en todas partes. Hoy no hay paz duradera en Jerusalén, pero el anhelo de paz es tan intenso que se puede sentir en el aire. Judíos, cristianos y musulmanes que son fieles a sus escrituras y leales a lo mejor de sus tradiciones comparten un deseo de paz (y, con ella, de unidad) que es casi palpable en Jerusalén, la ciudad de la paz.

¿Dónde podemos encontrar la paz? ¿Cómo podemos alcanzar alguna vez una paz auténtica y duradera que garantice el fin de toda violencia y odio, e incluya también el reconocimiento de que todos somos hermanos y hermanas, miembros de la única familia de Dios, con iguales derechos y dignidad?

Continúe leyendo el último boletín del Cardenal Tobin.

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