Cardenal Tobin: Maria: Madre de la Misericordia
Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo:
María, la Señora Misericordiosa, nos ayuda a buscar y encontrar el amor y el perdón a través de su Hijo. María es la Madre de la Misericordia porque nos conduce a Jesús. Imágenes de María como el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, del que los redentoristas tenemos el privilegio de ser guardianes, y la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe, muestran que María no es una diosa a la que hay que adorar, porque ella baja los ojos y señala a su Hijo, a la bondad y la salvación en Él.
Hoy en día existe una tendencia a desacreditar a María, afirmando que la devoción a ella “mantiene a las mujeres en su lugar”, en un papel sumiso o secundario. De hecho, el Magnificat proclama con valentía lo contrario. María es fuerte. Es llamada bienaventurada por todas las generaciones debido a las grandes obras realizadas a través de ella por la Providencia de Dios.

Por la gracia de Dios, a través de la intercesión de María, el obispo de Zumárraga se convirtió—¡una experiencia que todo obispo debería tener! Convencido por las señales que la Santísima Madre le ofreció, aprobó su petición de que se construyera una capilla en el cerro del Tepeyac. La imagen milagrosa incrustada en el manto de Juan Diego se puede ver hoy en día en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, situada a las afueras de la Ciudad de México. Se trata del santuario Mariano más popular del mundo, con más de seis millones de peregrinos al año.
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