Cardenal Tobin: La Cuaresma nos recuerda negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz de Cristo

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma”? (Mt 16:24-26)

Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo,

Durante mi infancia, la señal más común de la identidad católica era abstenerse de comer carne los viernes. Ahora, el requisito de abstinencia los viernes se limita a las seis semanas de Cuaresma (con ayuno requerido el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo), pero la exhortación a negarnos a nosotros mismos viene directamente del Señor, y no está restringida a ningún día o temporada en particular.

El Cuarto Precepto de la Iglesia es observar los días de ayuno y abstinencia establecidos por la Iglesia. Esto representa lo mínimo, la expectativa básica para los católicos practicantes, que es ejercer la autodisciplina en forma de observancia ritual según lo requiere la Iglesia. Pero si esto es todo lo que hacemos, difícilmente podemos llamarnos discípulos fieles. Se requiere mucho más de nosotros si deseamos seguir a Jesús. Debemos estar dispuestos a perder nuestras vidas—tanto literal como figurativamente—tomando la cruz de Cristo todos los días de nuestras vidas.

La Cuaresma es una temporada de recordatorios vivos. Durante este tiempo de preparación para la pasión, muerte y resurrección del Señor, se nos llama a ser especialmente conscientes de la importancia del sacrificio personal. A través de la oración, el ayuno y la limosna (nuestro ofrecimiento sacrificial de tiempo, talento y tesoro), se nos invita a “perdernos a nosotros mismos” por el bien del Evangelio. Estamos desafiados a abandonar la búsqueda de comodidad y seguridad para seguir a Jesús por la puerta estrecha que conduce a la alegría de su hogar celestial.

No hay enseñanza de Jesús que sea más desafiante que la citada arriba: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16:24-26). Todo en nuestra cultura nos dice que pongamos nuestras propias necesidades y deseos por encima de todo. La comodidad, la seguridad, la satisfacción y la autocomplacencia no son solo pecados de los ricos ociosos. Son tentaciones que nos confrontan a todos. Si no tenemos cuidado, podemos gastar todo nuestro tiempo, esfuerzo y dinero persiguiendo formas de vida egoístas. Incluso nuestra caridad puede convertirse en una manera de aliviar nuestra culpa en lugar de un verdadero alcance hacia nuestras hermanas y hermanos necesitados.

Continúe leyendo el último boletín del Cardenal Tobin.

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