Cardenal Tobin: Cristo es la luz de las naciones

Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo,

Cuando a María se le invitó por primera vez a creer que estaba llena de gracia y que el Señor estaba con ella, se le desafió a aceptar un misterio y a confiar en que Dios tenía un plan para ella y para el mundo. La apertura y disposición de María para decir “sí” a pesar de la duda y la confusión la convirtieron en un modelo de fe.

Cuando nosotros luchamos por discernir lo que la fe significa para nuestras vidas, debemos mirar a María. Cuando queremos comprender mejor cómo nosotros, como discípulos misioneros de Jesucristo, debemos actuar, debemos recordar sus palabras a los sirvientes en la boda de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). Para los cristianos, creer en la palabra de Dios y ponerla en práctica están esencialmente vinculados. Hacemos lo que Él manda porque creemos que Jesús es el Señor—el sentido del mundo y de nuestras vidas.

El misterio que a nosotros los cristianos se nos desafía a aceptar, como lo hizo María, es que Jesucristo es la luz que ilumina la oscuridad de nuestro mundo. En su discurso inaugural en el Consistorio Extraordinario de Cardenales, del 7 al 8 de enero (véase la selección a continuación), el Papa León XIV citó la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia:

Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. (cf. Mc 16,15). Lumen Gentium 1.

Nuestra misión como discípulos de Jesucristo es hacer que la luz de Cristo brille en nuestras mentes, corazones y acciones, de modo que todos los que encontremos tengan la oportunidad de experimentar la alegría del Evangelio.

Continúe leyendo el último boletín del Cardenal Tobin.

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