Cardenal Tobin: Las personas son importantes, todas y cada una de ellas
Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo,
Magnifica Humanitas, la primera encíclica de nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, es un auténtico compendio de la Doctrina Social Católica. Aborda de frente los retos y las oportunidades que plantea la inteligencia artificial, recordándonos que las máquinas y la tecnología —por muy sofisticadas que sean— nunca podrán igualar, y mucho menos sustituir, la dignidad de la persona humana.
“Lo que importa son las personas, todas y cada una de ellas, junto con sus familias”, escribe el Papa. Dado que la persona humana está creada a imagen y semejanza de Dios, todo lo demás es secundario. Este es el principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia. Nada es más importante que la dignidad humana, y todo aquello que amenace el valor incomparable de las personas, “junto con sus familias”, debe ser cuestionado y se debe impedir que se convierta en un obstáculo para el desarrollo humano.
En la sección de Magnifica Humanitas dedicada a “los fundamentos de la doctrina social” (n.º 48-58, véase la selección más abajo), el papa León llama nuestra atención sobre tres ideas clave. En primer lugar, describe la relación de la persona humana con “el corazón mismo de nuestra fe: el misterio del Dios vivo, revelado en Jesucristo, quien, como comunión de Personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—, es el amor mismo en relación, expresado en el don recíproco de sí mismo y en el compartir con el mundo”. La dignidad de cada persona humana tiene su raíz en su participación en el misterio de la vida íntima de Dios. El Creador nos ha destinado a estar unidos a Él mismo, el Dios que nos creó, y a reflejar la magnífica bondad de Dios en todo lo que decimos y hacemos.
En segundo lugar, el Papa nos recuerda la enseñanza constante de la Iglesia de que el valor de las personas no depende de lo que logren o produzcan. “Hay derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser humanos”, afirma el Santo Padre, y precisamente porque son otorgados por Dios, “ningún poder humano puede negarlos legítimamente ni limitarlos arbitrariamente”.
Las personas son iguales en dignidad, independientemente de su género, raza, situación política y económica u origen étnico. “Además de estos conceptos”, escribe el papa León, “existe también el nivel más profundo e importante de la dignidad ontológica. Se trata de la dignidad que pertenece a todo ser humano por el mero hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios. Ningún pecado, fracaso, humillación o exclusión puede menoscabar el valor profundo de una vida humana que Dios ha querido y ha llamado a la existencia”.
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